ATILA Y LA ESPADA DE MARTE


Cuando Atila nació, Marte, el Dios romano de la guerra sintió una gran conexión con el, por eso a medida que fue creciendo le concedió varios dones, entre ellos el de la valentía para que fuese un gran guerrero. Al igual que Marte, Atila también sintió una gran conexión con la guerra y tenia un gran espíritu guerrero. Por eso siempre rezaba y adoraba a este Dios.

 

Cuando Atila se convirtió en el rey de los Hunos, Marte decidió darle un obsequio por el esfuerzo con el que había logrado ponerse a la cabeza de los hunos. Y un buen día en el que Atila iba caminando por el campo, se encontró una espada con su nombre grabado en oro, el sabía que había sido Marte, el que le había regalado esa espada, le agradeció enormemente su amabilidad, y juró que lucharía con esa espada todas sus batallas.

 

Y lo hizo, bueno, todas menos su ultima batalla, la que lucho contra los germanos en los campos cataláunicos. Atila pensaba que no le haría falta nada de ningún Dios, ya que, el solo, podía ganar todas las batallas que quisiese. Marte se enfado mucho con Atila por su ego y arrogancia, así que hizo que perdiese esa batalla, y también le arrebató su espada. Atila estaba furioso con el Dios Marte y dejo de rezarle y adorarle durante muchos meses. Como castigo, Marte hizo que muriese ahogado en su propia sangre, en su noche de bodas, una de las muertes menos honradas para un guerrero como el. 

 

Y así murió uno de los mayores guerreros de la historia de la humanidad, por su arrogancia y su ego.

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